- El Papa visitó una casa del Bañado Norte donde bendijo a un niño y a los presentes.
POR LAURA TORRES
Desde tempranas horas, la calle que conduce al Bañado Norte se iba llenando de gente. Muchos servidores se dieron cita en el punto de encuentro para formar el cordón, y ser los primeros testigos de este hecho histórico que llenaría de alegría, emoción y esperanza a todos los pobladores de este humilde barrio de Asunción, levantando el ánimo de los presentes con cánticos hasta la llegada de Francisco.
Habiendo pasado 10 minutos de las 8, el Papa bajó del vehículo privado frente al corredor angosto donde saludó a la multitud. Una mujer que lo esperaba en una silla de ruedas fue la primera en tener contacto con el Sumo Pontífice. Luego se dirigió rápidamente al pasillo angosto que lo llevó a una vivienda, la de Liliana Amarilla, que ya venía esperándolo con un rico mbeju y mate. Ese encuentro fue íntimo, lleno de alegría y esperanza, contó la dueña de casa.
“Cuando entró le dijimos ‘Bienvenido papa Francisco’, después se acercó y le saludó a la abuela. Y ahí me acerqué también, le conté que mi hijo tenía un tratamiento en el hospital del barrio Gutiérrez de Buenos Aires y ahí me miró y me agarró de la mano”, contó Liliana que le pidió la bendición para su hijo.
“Le agarró de la mano y le dio la bendición. Fue una emoción muy grande y un privilegio de tenerle en esta casa”, contó Liliana.
Al salir, se dirigió a la capilla San Juan Bautista a orar. Se sentó en la silla de cable para escuchar a los representantes del Bañado y luego dirigió algunas palabras a los presentes, que respondieron con una gran sonrisa cargada de lágrimas, en medio de un fuerte aplauso que reflejó una gran imagen de esperanza en sus rostros.
VIGILIA PAPAL
La visita del Papa en el Bañado Norte fue esperada por muchos de sus pobladores durante horas, ya que muchos hicieron vigilia en las calles para encontrar el mejor lugar y ver al Sumo Pontífice. Muchos salieron a la medianoche. En el predio estuvieron miles de personas.
IGUALDAD DE DERECHOS
María Adolfina García, quien vive en carne propia las precariedades con las que obligadamente deben convivir, agradeció al Sumo Pontífice por la visita y le dijo que “su presencia nos transmite fuerza y esperanza. Somos 23 mil familias, cerca de 100 mil personas, que vivimos en la franja costera”, dijo.
Reclamó la falta de apoyo de las autoridades, diciendo que “el Estado no nos ha apoyado y no nos mira con buenos ojos. Nos dicen que somos un pasivo social”. Por eso, pidió la solución y exigió que se respeten sus derechos.
Angélica Viveros, otra pobladora de la zona, señaló que el deseo “es tener una Iglesia incluyente donde estén todos por igual, que incluya a la gente más pobre y a los muchos enfermos que no tienen cómo comprar medicamentos”. Dijo que son excluidos, y que las tierras donde viven son pretendidas, por eso quieren echarlos. “Somos un estorbo para la gente de negocios y que solo vienen en épocas electorales”, contó.
Francisco, hermano de los bañadenses
El padre Ireneo Valdez, quien tiene a su cargo prodigar la palabra de Dios en la humilde capilla San Juan, agradeció a Francisco por la visita y le invitó a compartir como hermano. “Te sentimos hermano del bañadense, aquí están tus hermanos. Su Santidad, esta es tu casa porque vos estás con nosotros. Bienvenido a tu casa, papa Francisco. Siéntate a compartir con nosotros”, expresó Valdez.
Al igual que los otros oradores, también recalcó las muchas necesidades por las que pasan en el lugar, y agradeció por el mensaje que trajo a nuestro país al padre de padres.

