En la década de los 60, la fiesta patronal de San Pedro Apóstol (cuya parroquia dependía anteriormente de Concepción) era mucho más lujosa, con la participación de una multitud que formaba parte de las romerías y gran cantidad de atractivos de esos años.
“Una semana antes ya empezaba la fiesta, con las tradicionales calesitas, las corridas de toro era muy común, las sortijeadas se realizaban todos los días”, comentó el profesor Tomás Libardy, uno de los pobladores más antiguos de San Pedro y que narra las diferencias de las fiestas de antes con las de ahora en el libro que escribió, “Orígenes y vivencias en San Pedro de Ycuamandyyú”.
Calles. “Era tanta la gente que había por esa época, que las calles estaban repletas, pero no le conocías a nadie porque se llegaban de otros pueblos. Todo esto estaba acompañado de la banda de músicos que venía de Concepción”, comentó.
Agregó que se armaba una gran fiesta y la gente viajaba hasta la ciudad en carros tirados por bueyes, carritos tirados por caballos, o simplemente llegaban en caballos luego de viajar kilómetros con la sola razón de participar de la fiesta patronal más grande de la región norte.
Es más religiosa
Actualmente la fiesta es más religiosa, familiar, culta. Ya no hay actividades ni concurrencia como antes. “Ya no se tienen actividades, ni concurrencia como las décadas pasadas, mucho cambió, todo se centra en lo religioso como tiene que ser”, he’i el escritor.
Bailes tradicionales
El profesor Libardy siguió contando que años anteriores, apenas terminaban las celebraciones del 14 de mayo la comisión central del festejo ya comenzaba con la organización de la fiesta a San Pedro Apóstol.
“La comisión estaba formada por la Iglesia y el Estado y comenzaban a recorrer casa por casa para pedir colaboración y así ir juntando para el festejo”, comentó el escritor, quien dijo que la organización era de primera y se hacía con mucha anterioridad todo.
Por otro lado, dijo que las fiestas de esa época eran grandes bailes tradicionales. “La gente llegaba ocho días antes en carretas, o a caballo, y se instalaban en posadas o en casa de algún pariente. Nadie quería faltar al baile, pero solamente se podía entrar con invitaciones. Y a los caballeros se los exigía asistir con traje”, recordó el profe.

