Un profesional del volante, de esos que tienen mil anécdotas en las rutas por el tiempo que lleva recorriendo, contó el momento aterrador que le tocó vivir en una jornada “tranquila” de trabajo.
“Estábamos llevando asfalto líquido para una cantera, en el tramo Caapucú-Villa Florida. A los camioneros nos aislaban y no nos dejaban quedar en el campamento del cerro. Era todo oscuro, monte cerrado, silencio pesado de esos que asustan”, recuerda don Ortiz.
“Llegué a Caapucú como a las 9 y media de la noche. Me estacioné donde me indicaron y apenas apagué el motor sentí que algo se subía al camión. No era persona, no era animal, era “algo”. Se paseaba sobre la carrocería, caminaba, rodeaba, rascaba. El ruido era como si una turba entera me estuviera acechando”, he’i .
“Me encerré en la cabina y empecé a rezar. Ave María, Padre Nuestro, Credo todo lo que me acordaba. Desde las 10 de la noche hasta las 5 de la mañana no hice otra cosa que rezar. El camión se sacudía, los ruidos no paraban, y yo temblando como hoja.
En un momento sentí que algo se apoyó justo encima del camarote. Ahí ya no aguanté. Me tiré boca abajo, metí las manos entre las piernas y recé llorando. Te juro, nunca tuve tanto miedo en mi vida”, contó.
Recordó que lo único que pedía era ver la luz de sol. “Cuando amaneció, bajé despacito, con el corazón en la garganta y miré alrededor. No había ni una sola huella. Nada. Como si nadie hubiese pasado. Pero yo sabía que algo estuvo ahí”, dijo.
Le conté al guardia y me miró serio, sin reírse. Me dijo: “Eso es el Señor de la Noche, vos sos nuevo y no te conoce”.
El camionero contó que ahí se asustó más. “Después los mismos guardias me contaron que una vez uno no quiso creer. Se burló, dijo que esas cosas no existen, que eran cuentos. Esa misma noche desapareció. Al otro día lo encontraron en la cima del cerro, inconsciente, maniatado dentro de una bolsa piri. Nadie pudo explicar cómo llegó ahí ni cómo lo ataron. Dijeron que era una atadura que no era de este mundo”, he’i.
Recordó que después de la “bienvenida” que le dió el karai pyhare pidió a la empresa para la cual trabajaba que nunca más lo envíen a ese lugar.

